La Ley del Castillo de Arena

castillo arena

Ayer fue martes y 13. Yo no soy muy supersticiosa, pero me gusta tener cosas a las que culpar si algo me sale mal. El caso es que ayer en el trabajo estuve haciendo durante un tiempecito una newsletter desde cero con muchos archivos descargables, modificación de código y demás y cuando le di a guardar, se atascó todo y desapareció. Sin más. Sin dejar rastro ni oportunidad de recuperación. Mi reacción ante eso podría haber sido la de cagarme en todo con la boca llena, la verdad, pero ayer simplemente dije “maldito Bill Gates” y me puse a hacer la newsletter sin más porque pensé que si la que Bill Gates había destruido la había creado yo de la nada, ¿por qué no iba a poder volver a hacerlo?

En ese momento, mientras hacía la segunda newsletter (que casi acaba siendo la tercera) elaboré la Ley del Castillo de Arena. Ya sabéis que a mí me va mucho eso de elaborar leyes rarunas. La Ley del Castillo de Arena es muy simple: cuando construyes un castillo en la arena es probable que acabe destruido, bien porque venga una ola y se lo lleve o bien porque venga alguien que malintencionadamente o por despiste te lo pise. Ante eso, puedes quedarte parado llorando, quejándote, enfadándote con lo que (o el que) ha destruido lo que has creado o puedes recordar que ese castillo lo creaste tú de la nada, coger el cubo y la pala y construir otro.

Y eso pasa en la vida. Puedes poner toda tu ilusión y esfuerzo en crear algo y que aún así acabe saliendo mal o siendo destruido por algo inevitable, por alguien sin mala intención, pero con poco tiento también o directamente por alguien malo sin más. Cuando eso ocurre, maldecir, gritar o incluso pegar en el supuesto de la persona mala que nos hace daño es comprensible, pero lo que no podemos hacer es quedarnos estancados en ese sentimiento. Lo mejor es hacer como haría un niño que lloraría un poco, pero pronto cogería el cubo de nuevo y se pondría a hacer otro castillo o directamente dejaría aparcado el tema de los castillos y se inventaría algo nuevo.

Para terminar de un modo menos profundo, pero infinitamente más divertido, os dejo con una demostración empírica de ese alguien que puede destruir nuestro castillo:

 

 

pd: foto de pinterest

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