No me gustan los bancos

Cartel en un monumento fogueril de las Hogueras de San Juan de Alicante

La primera vez que me abrí una cuenta bancaria iba a 5º de E.G.B y fue en la CAM: la “cuenta Delfín”. Creo que me la abrí con 5000 pesetas porque me regalaban una carpeta. Mis problemas con los objetos de papelería vienen de lejos como podéis ver. A los pocos meses saqué casi todo el dinero para irme de excursión. Eso fue el inicio de una nada buena amistad entre los bancos y yo.

A mí los bancos me provocaban rechazo mucho antes de abrir mi cuenta delfín. Desde muy pequeña me encantaba ir a hacer recados con mi madre, pero cuando había que pasar algo de tiempo en el banco no lo soportaba. Era un sitio triste y silencioso, sin nada con lo que entretenerse en el que mi madre entregaba su dinero y a cambio salíamos con…NADA. Siempre le decía a mi madre que porqué no nos íbamos mejor a una tienda que allí por lo menos cuando das dinero te dan cosas bonitas a cambio. No colaba.

El banco de mis padres era Argentaria y cuando se fusionó con el BBV, el banco oficial de la familia pasó a ser el BBVA. En ese banco estaban mis padres, muchos de mis tíos, mi hermano y, cuando tuve algo que meter, yo. Antiguamente que un banco fuera el banco oficial de la familia significaba algo. Te trataban mejor. Excepto a mí. Como he dicho, nunca tuve mucho aprecio a los bancos, pero ellos tampoco se han lucido mucho conmigo, la verdad. Uno de los días más felices de mi historia reciente fue el día que conseguí cerrar definitivamente mi cuenta en la CAM y en el BBVA.

Dado que yo todo lo hacía por Internet o por el cajero y era muy joven para que me cobraran las comisiones abusivas de los adultos, mi relación con ellos iba bastante bien. Iba perfectamente, de hecho, hasta un día en concreto: el día que me hicieron falta para algo.

En octubre de 2009 me apunté a la autoescuela porque se llevaron mi trabajo a un polígono donde solo se puede llegar con coche (mi historia con el coche…en próximos capítulos). A principios de noviembre pasaba a ser fija en la empresa así que me apetecía comprarme un coche nuevo. Tenía dinero ahorrado como para comprarme prácticamente a tocateja uno de gama baja, pero no quería quedarme sin nada de dinero así que me acerqué a mi oficina a consultar sus microcréditos para coche que tanto anunciaban. La mujer a la que se lo dije me miró de arriba abajo prácticamente sin contener la sonrisa, cogió mi cartilla (sin actualizar puesto que como he dicho todo lo hago por Internet) y me preguntó si era fija. Le dije que todavía no, pero que…y aquí me disponía a decir “en 15 días sí”…pero no me dejó decirlo. Me devolvió mi cartilla en la que no se había fijado en la fecha solo en la cantidad irrisoria que aparecía como total y me dio una tarjeta suya: “cuando seas fija y tengas algo de dinero vienes, niña”. Así. Tal cual. La “niña” tenía 24 años, pero eso tampoco lo había consultado. Llegué a casa echando espuma por la boca, cagándome en todo lo tangible e intangible. No solo habían hecho mal su trabajo, no solo me habían tratado mal sino que ni siquiera se habían molestado en hacer nada porque debido a mi aspecto creían que era “muy joven”. Mucha gente me decía que tendría que haberle explicado todo eso y si se hubiera negado haber hablado con el director. Sin embargo, yo cogí prácticamente todos mis ahorros esa misma tarde y me abrí un cuenta naranja en ING.

Poco después, volví a ir a la oficina porque me habían mandado una publicidad de que me daban un billete de avión por tener domiciliada mi nómina. Puesto que yo la tenía domiciliada y no me lo habían dado decidí ir a reclamar mi regalo. Me dijeron que no tenía derecho a él porque ya tenía domiciliada la nómina. Le pregunté cómo podría reclamar un regalo por domiciliar la nómina si no domiciliaba la nómina antes. Se bloqueó. Finalmente me lo explicó: en el fondo, eso estaba hecho para que cambiaras tu nómina de un banco a otro. Y eso es exactamente lo que hice: me llevé mi nómina a otro banco.

Por ser el banco familiar y porque ING por aquel entonces todavía no tenía oficinas físicas y eso siempre crea algo de miedete seguí manteniendo, a pesar de todo, la cuenta en el BBVA. Desde ella hacía las transferencias del alquiler puesto que mi casera también tiene cuenta en este banco y un traspaso no tiene comisiones y es más inmediato. Sin embargo, un día se me olvidó hacer la transferencia y para cuando podía tener un pc con conexión a Internet ya me parecía muy tarde así que me acerqué a la oficina. La chica fue a hacerme la transferencia y de repente me dijo: “te va a costar un euro”, “pero si es el mismo banco” le dije. La mujer me explicó que habían cambiado lo de las comisiones y ahora cualquier transferencia tenía una comisión mínima, pero que realmente le daba vergüenza hacerme eso, así que sacó el dinero de mi cuenta e hizo un ingreso en el de mi casera. Eso no tenía ningún coste y suponía el doble de esfuerzo y tiempo. Lógico. Muy lógico. Al mes siguiente, cuando tuve vacaciones, fui a la oficina y cerré mi cuenta.

A estas tres historias podría sumarles cuando casi me dejan sin poder sacar dinero en El camino de Santiago, cuando por un error suyo me quedé sin poder sacar dinero casi un mes recién llegada a Madrid o cuando mi tarjeta no funcionó en Alemania y, por lo tanto, no tenía dinero.

Actualmente, mis escasos ahorros se reparten entre ING direct y Triodos Bank. Jamás en la vida pondré la mano en el fuego por un banco, pero, hasta el día de hoy, estos dos bancos están haciendo muy bien su trabajo y el trato, siempre que me han hecho falta, no ha podido ser mejor.

No, no es un post patrocinado ni me pagan ni nada de eso, simplemente me apetecía contaros porqué el día que me salí de los “bancos de toda la vida” fue uno de los más felices de mi vida.

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